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IIª CARAVANA TRANSAHARIANA DE AGOSTO 2004:
DOS SEMANAS POR MARRUECOS, MAURITANIA Y MALI.
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dia 31 de julio, 2004. Encontré a mis nuevos compañeros de viaje en Algeciras, en la Recepción del hotel "Almar", frente a la entrada principal de la Estación Marítima, desde donde salían los ferry con destino a África. Empezamos con la visita al Supermercado para realizar la compra de algunas cosas que faltaban para completar el equipo de viaje. Luego nos dirigimos al puerto, compramos los billetes y embarcamos en el primer barco con destino Ceuta. Ese día 31 de julio pensábamos ir del tirón hasta Marrakech, a 700 kilómetros mas al sur, pero mi Mercedes 300 TE 4MATIC, un chasis 124 familiar tracción 4x4, una mecánica alemana magnifica, la misma transmisión que llevaban los primeros ML de los 90, no estuvo de acuerdo y decidió romper el rodamiento del alternador. El coche se paró, se hizo de noche y tuvimos que buscar hotel en Casablanca. Al final unos pernoctaron en el céntrico htl.4*”Idou Anfa”, bastante bueno, y otros preferimos quedarnos junto al coche, pasando la noche en campamento al aire libre instalado poco gloriosamente en la cuneta de la autopista, a cuatro kilometros del aeropuerto de Casablanca. dia 1 de agosto, 2004. El 1 de agosto remolcamos el Mercedes fuera de la autopista. En Bouskoura encontramos un mecánico de los del pueblo que nos llevó a los desguaces de Casablanca, donde compramos un alternador por 100 euros. Volvimos y nos lo instalo en un periquete. En el intervalo conocimos a Moktar, que era el tendero de la ferretería frente a la que aparcamos y dueño de un perro pastor alemán debidamente acreditado como hijo de un campeón del mundo, curioso el ver como bostezaban siempre al mismo tiempo. Él nos cogió a su amparo y hasta nos invitó a la fiesta de circuncisión musulmana de su sobrino en la que Teresa se inició al baile del vientre. dia 2 de agosto, 2004. El 2 de agosto rodamos toda la mañana por carretera rumbo sur hasta Tan Tan atravesando un terreno a veces muy montañoso, a veces de campos de cultivo suavemente ondulados. En el viaje se sucedían los detalles interesantes. Yo disfrutaba de cada momento pero seria largo relatarlo todo, así que me quedo con los mejores. Uno de ellos ocurrió antes de llegar a Tan Tan, donde a Teresa y a mí nos llamó la atención el reclamo de un herrumbroso cartel coloreado con el dibujo de un castillo de juguete y la indicación casi cabalística "15 kilómetros" colocado en la cuneta de la carretera. Nada mas, porque lo que decía en árabe no lo entendíamos. Azuzó nuestra curiosidad, decidimos investigar y nos aventuramos a salir de la carretera circulando por una pequeña pista de tierra y piedras que discurría por el fondo de un valle marrón pelado, primero, y por una estrecha vaguada entre dos colinas desiertas después. Los golpes que dio el Mercedes en las piedras del suelo merecieron la pena porque detrás apareció un segundo valle con una sorprendente charca de agua, un campo de cebada casi amarillo y otra colina sobre la que había un fuerte medio derruido en todo lo alto, al fondo. Debía ser de épocas medievales; ¡joder, que bonito!, nos dijimos. Paramos a hacer unas fotos calibrando la importancia del hallazgo y bajamos del coche quedándonos ensimismados admirando las agujas del "ksar", el castillo, que parecían los dedos de un esqueleto de barro. Aquellos restos nos embrujaban y nos atraían a ellos. Queríamos visitarla, pisarla... Subimos a pié en diagonal por la falda de la colina, que era arenosa. Éramos dos puntos oscuros en una superficie amarilla rutilante de luz. La fortaleza tenia varios pisos... y silencio; ¡allí había mucho silencio!. En medio del patio se veía un pozo que habría podido ser aljibe o mazmorra y a la derecha e izquierda quedaban restos de gruesas puertas de madera que se estaban desmoronando pero en las que aún se apreciaba su dintel en arco de herradura. En las partes altas de algunos muros se apreciaban los alvéolos de las vigas. En plan tópico imaginábamos las escenas bélicas de que habrían sido testigos; ¡a veces uno viaja mas con la imaginación que con los pies!. Un castillo más que el desierto se iba tragando. ¿Cuántos años tendría?. Volvimos a la carretera, seguimos hacia el sur y alcanzamos Tan Tan a medio día. En la pista del castillo me había acordado de lo bajito que era mi Mercedes así que fui al herrero local para que me soldara una plancha metálica en los bajos del coche. Llevaba el armazón hecho con tubos preparados desde Madrid pero sobre la marcha decidimos entre todos, el herrero, el aprendiz, su vecino panadero, yo y una señora que había por allí "cuidando" de los niños dedicados a enredar que era mas rápido y barato unos puntos de soldadura, y a correr. |
dia 3 de agosto, 2004. Temprano por la mañana, después del desayuno muy sencillo del hotel, seguimos a cabo Bojador: ¡Quien hubiera hecho la mili allí no reconocería ahora Bojador!. Todo el dinero que la Administración Central marroquí no se ha gastado en las infraestructuras del norte se lo ha gastado en estos pueblos del sur. Lo que ha hecho Marruecos en los territorios del antiguo Sahara español ha sido una "OPA hostil" inyectando dinero a espuertas. A media mañana nos metimos en una playa estupenda que había 20 kms. mas al sur del cabo Bojador, en la que había un par de viejos barcos abandonados. Echamos hasta medio día comiendo unos bocadillos. dia 4 de agosto, 2004. Salimos temprano del hotel pero los catalanes ya se habían marchado. Buscamos el punto exacto del Trópico de Cáncer, cosa de solemnizar el momento, pero confundimos la latitud 23º con los 23º 27' reales y pusimos el único cartel que hay en el desierto en esa latitud escrito con la mismísima sangre humana del dedo de Jerónimo. Carteles del Trópico de Cáncer hay varios en el Sahara, pero tan tétrico, y en la longitud 23º... ¡como el nuestro solo hay uno!. A la subida lo intentaríamos recoger y ponerlo en su sitio, pero era una losa de piedra de casi cien kilos, y pasamos: Cada cual puede poner su losa donde mas le apetezca; a nosotros nos gustó el 23º y allí se quedó. A media mañana compramos la ultima gasolina barata de Marruecos en el café Barbas, a 50 céntimos el litro, y continuamos hasta Guerguarat, la frontera con Mauritania 80 kms. mas allá. El Sahara era "lunar", había dunas blancas que menudeaban entre colinas violetas y rocas grises, con hierbajos que no abundaban pero estaban por todas partes. Después del control de la Aduana y la Policía marroquí de Guerguarat dejamos la carretera y entramos en la pista mauritana. Primero recorrimos unos nueve kilómetros por la antigua carretera que habían dejado los españoles, un impresentable montón de piedras y parches de asfalto, y luego nos encontramos una solitaria línea de trincheras. Mirando a derecha e izquierda nos fijamos en que había carteles avisando de campos minados. Esas trincheras estaban vacías pero bien dispuestas y no las habían cavado los mauritanos sino que eran de los soldados españoles, de cuando allí estaba la frontera sur de la antigua provincia española del Sahara Occidental. Con tanto tinglado actual de soberanías lo único que estaba claro era que estas tierras desérticas habían sido antes de pastores nómadas bereber llegados en el siglo X y que luego, entre los siglos XV y XVI, esos pastores pasaron a ser tributarios de "jerifes" árabes de Marrakech, los Sahadis y los Alhawis. La autoridad española se estableció "porque sí" cuando las potencias europeas se repartieron el mundo en el Tratado de Berlín a finales del siglo XIX. A los españoles les correspondió la costa sahariana porque quedaba frente al archipiélago de las Canarias. El territorio colonial se llamó "zona de influencia exclusiva" e iba desde Tah, al sur de Tarfaya, hasta aquí. Su interés estaba en los recursos piscícolas de la costa y en los mineros del interior, sobre todo los fosfatos. Los franceses se quedaron con todos los demás territorios de esta parte de África, siempre les ha gustado mucho el Continente Negro, pero el general De Gaulle se los devolvió a los marroquíes, a los argelinos y los mauritanos en 1955. El general Franco estuvo mas falto de reflejos y retuvo los españoles hasta 1.975. ¡Tal vez nunca pensó en marcharse...!. Cuando por fin murió, la Administración española en aquella epoca de La Transición a la democracia lo abandonó. En el año 76 los marroquíes llegaron a un acuerdo con los mauritanos para repartirse el territorio abandonado y la frontera norte mauritana quedó fijada en el Trópico de Cáncer. ¡Pero los argelinos no estuvieron de acuerdo en ese reparto!; ellos tenían otros planes. Llevaban años fabricando una fuerza independentista "progresista y revolucionaria" llamada "Frente Polisario". El Polisario organizó una importante revuelta armada usando el territorio argelino como retaguardia. Entre el 75 y el 79 consiguieron aproximar a sus argumentos a oficiales del ejercito mauritano originarios del norte, reguibat de lengua árabe hasaní, y en el 79 estos llevaron adelante un intento de golpe de Estado en Mauritania ocupando Nouakchott. Su idea era conquistar el poder y lanzar a todo el ejercito mauritano contra Marruecos aliándose a Argelia. Pero su revuelta fue respondida por otros militares leales al Gobierno originarios del sur que impidieron la toma total de la capital. Hubo una semana de combates callejeros en la capital y, como ninguna de las dos partes consiguió la victoria en esa batalla, se establecieron negociaciones llegando rebeldes y leales a la conclusión de que aquella guerra entre argelinos y marroquíes "no iba con ellos". Decidieron que era mejor "esperar y ver"; ¡una opción muy…"sahariana"!. Finalmente los mauritanos se volvieron atrás y regresaron a estas, las antiguas fronteras coloniales. Los marroquíes ocuparon el terreno abandonado por los mauritanos en el 79 y establecieron la frontera aquí, en Guerguerat. A Marruecos le costó después diez años de inmensos esfuerzos pacificar el desierto pero ninguna fuerza armada procedente de Argelia volvió a revolucionar estas regiones a partir de 1990. Desde entonces los locales se vieron beneficiados por una generosa política de inversiones publicas. Es evidente que el futuro de esas gentes esta mucho mejor asegurado en Marruecos que en un hipotético revolucionario nuevo Estado independiente Polisario... Pasamos la línea de trincheras y encontramos dos tiendas de campaña de gruesas lonas marrones destartaladas detrás de una duna. Los gendarmes y aduaneros mauritanos andaban bromeando a su sombra, tomando té y espantando moscas. Aquella frontera parecía un limbo; así debe ser el lugar donde Dios manda a los muertos mientras decide enviarlos o no al infierno. Parecía imposible que nadie pudiera vivir o trabajar allí. Nos dirigimos directamente a la jaima parda y aparcamos enfrente. Fuera no había sombra y dentro no había refugio. Hacia calor. Ya era medio día y debíamos estar a 40 grados. Aquella tienda no alcanzaría el digno titulo de habitación u oficina en ninguna otra parte del mundo pero en este desierto unos taburetes bajo una lona eran una casa; ¡todo es relativo!. Rellenamos unos impresos, declaramos nuestras divisas, juramos por escrito que no íbamos a vender los coches, pagamos unas tasas y recibimos un fuerte golpe de tampón en cada uno de nuestros pasaportes. La cosa estaba hecha, estábamos en Mauritania. A partir de allí teníamos otros 30 kms. de pista revirada y esquiva dividida en varias bifurcaciones que siempre nos preocupábamos de tomar a la izquierda hasta llegar a la vía férrea encontrada perpendicularmente y a la nueva carretera Nouadhibou-Nouakchott. Cosa curiosa, 6 kilómetros antes del Control mauritano, mas atrás, habíamos dejado a nuestra izquierda una magnifica carretera asfaltada que los marroquíes acababan de terminar y que en 22 kilómetros te acercaba volando a la carretera. ¡Pero la MINURSO y los mauritanos no dejaban utilizarla!. Habían permitido a los marroquíes construirla pero ahora no dejaban a los viajeros rodar por allí: ¡C'est l'Afrique!. |
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